octubre 27, 2006

El pez


"la rebelión es mirar una rosa hasta pulverizarse los ojos"
Alejandra Pizarnik


El pez blanco nada. Roza con su nariz el aire húmedo. Acaricia el vidrio, lo tropieza a empujoncitos. Desde su cárcel transparente mira hacia el espacio vacío. A veces llora, pero no lo nota, su lágrima es dulce como el agua.
Sistemáticamente alcanza la superficie dos veces al día para alimentarse. Un viento frío le pone la piel de gallina sobre el lomo cuando lo hace. Luego, cuenta las piedritas del fondo y memoriza sus colores.
El pez blanco piensa en voz baja todo el silencio. Forma burbujas con sus pensamientos. Las burbujas se van amontonando en los ángulos superiores de la pecera. Ejercen presión sobre las aristas y luego el vidrio se resquebraja y comienza a ceder. El agua atraviesa sus límites a gran velocidad. Cadáveres de cárcel tiemblan en el aire.
El agua va ganando la habitación, la vereda, la avenida, el museo, la plaza. La cintura, el torso, los hombros, la boca, los últimos suspiros.
El pez blanco besa su reflejo en serenas pupilas blancas. Y luego, nada.

octubre 24, 2006

Razones


Por todos mis poemas perdidos
con mi carencia de talento,
por todas las casas deshabitadas
con tanto loco en la vereda,
por todos los platos de comida sobrantes
con tanto hambre con dueño,
por todo libro repleto de informaciones
con tanto silencio desnutrido,

por tanta célula abierta
con tanto cáncer acechante,
por tanto sexo mojado
con objeto de deseo destruido,
por tanta célula cerrada
con tantos abrazos sin cuerpo,
por tanta pata coja
en un país de caminos,

por todos mis poemas escritos.

octubre 20, 2006

Mordiscos

A veces
me acuerdo y me da
por abrazarme a la pacífica convivencia
de las sombras,
de los reptiles que habitan
mi rincón apartado,
ajeno
del prematuro sol de esta mañana,
a las convenciones del saludo
que no se le niega a nadie

y sin embargo
un asco repulsivo me embriaga
al mirar tu rinconcito
a pleno rayo de luz.
De oírte, ahí, con tus vísceras,
con otro corazón,
mirándome,
con un corazón que no será mío.

Y yo,
arrepentido de mis alas,
volviendo a lo mismo,
a lo que es agradable volver,
siempre.

¡Tendría que devorarte el sueño!
¡Devorarme el ojo que mira,
mejor aun,
el único ojo que siente!

y formando una mandíbula de constelaciones
recostarte en la luna
y morderte palmo por palmo,

comerme veintidós años
así como si nada. Como
si vos nada, como si yo
nada.

Alguna de estas noches.

octubre 19, 2006

Nocturno liviano



Antes de la noche, mi noche
estrellada de sombras está.
Recorriendo un único nombre
que no es nombre y nada más,
que es eterno en cada día
y en cada día eternidad.

En ese ramo de esquinas
se esconde un paisaje rural
en que galopa y galopa
un espejo que al final
no es espejo, sino olas
que no agotan en el mar.

Y en el agite formado
por su manera de dar,
por sus colores primarios
que en el arcoiris no hay;
nunca la luna fue luna
en un sentido tan literal.

Oración


Ahora que escribo de verdad,
virgencita mía,
que tu herida huele a azufre
y
que nosotros no sabemos
si ya somos nosotros.

Ahora que no nos ponemos límites,
que la lluvia nos separa
más de lo que nos une,
que el horario
se nos cuela en el estómago.

Que te rezo en la cama
que te colmo y que me calmas.

Aromadita de azahares,

que me permites enamorarme de todas
y volver al sillón
de la primera vez

ahora que estoy aprendiendo
a quererte
sin ahogarme.