octubre 20, 2006

Mordiscos

A veces
me acuerdo y me da
por abrazarme a la pacífica convivencia
de las sombras,
de los reptiles que habitan
mi rincón apartado,
ajeno
del prematuro sol de esta mañana,
a las convenciones del saludo
que no se le niega a nadie

y sin embargo
un asco repulsivo me embriaga
al mirar tu rinconcito
a pleno rayo de luz.
De oírte, ahí, con tus vísceras,
con otro corazón,
mirándome,
con un corazón que no será mío.

Y yo,
arrepentido de mis alas,
volviendo a lo mismo,
a lo que es agradable volver,
siempre.

¡Tendría que devorarte el sueño!
¡Devorarme el ojo que mira,
mejor aun,
el único ojo que siente!

y formando una mandíbula de constelaciones
recostarte en la luna
y morderte palmo por palmo,

comerme veintidós años
así como si nada. Como
si vos nada, como si yo
nada.

Alguna de estas noches.

1 comentario:

Anónimo dijo...

qué lástima que nadie hizo algún comentario sobre este poema...está bueno...bah...a mí me gusta.En fin...