octubre 27, 2006

El pez


"la rebelión es mirar una rosa hasta pulverizarse los ojos"
Alejandra Pizarnik


El pez blanco nada. Roza con su nariz el aire húmedo. Acaricia el vidrio, lo tropieza a empujoncitos. Desde su cárcel transparente mira hacia el espacio vacío. A veces llora, pero no lo nota, su lágrima es dulce como el agua.
Sistemáticamente alcanza la superficie dos veces al día para alimentarse. Un viento frío le pone la piel de gallina sobre el lomo cuando lo hace. Luego, cuenta las piedritas del fondo y memoriza sus colores.
El pez blanco piensa en voz baja todo el silencio. Forma burbujas con sus pensamientos. Las burbujas se van amontonando en los ángulos superiores de la pecera. Ejercen presión sobre las aristas y luego el vidrio se resquebraja y comienza a ceder. El agua atraviesa sus límites a gran velocidad. Cadáveres de cárcel tiemblan en el aire.
El agua va ganando la habitación, la vereda, la avenida, el museo, la plaza. La cintura, el torso, los hombros, la boca, los últimos suspiros.
El pez blanco besa su reflejo en serenas pupilas blancas. Y luego, nada.