
Ahora que escribo de verdad,
virgencita mía,
que tu herida huele a azufre
y
que nosotros no sabemos
si ya somos nosotros.
Ahora que no nos ponemos límites,
que la lluvia nos separa
más de lo que nos une,
que el horario
se nos cuela en el estómago.
Que te rezo en la cama
que te colmo y que me calmas.
Aromadita de azahares,
que me permites enamorarme de todas
y volver al sillón
de la primera vez
ahora que estoy aprendiendo
a quererte
sin ahogarme.

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