Ese día, el día en que tu mamá justo tuvo que salir de imprevisto y entonces vos y yo; es decir nosotros, nos tuvimos que quedar solos por un rato y me acuerdo de las caras de ¿y ahora qué? Íbamos a tener que hablar de algo, pensar en algo,cocinar algo, en fin...
Los primeros minutos pasaron un tanto lentos para mi gusto. Me acuerdo que uno de los breteles te quedaba un tanto suelto y se te caia bastante seguido. A vos te divertía mirarme la remera. Lo que sucedió después es algo que un caballero no debe contar.
Al fin y al cabo tu mamá regresó y hablamos y jugamos a los dados y nos cocinó unos ravioles con salsa de cuatro quesos que eran tocar el cielo con las manos.
Y cuando, un mes después tu mamá tuvo que volver a salir, no la pasamos tan mal. Si hasta cuando volvió pensamos: ¿y ahora qué? Íbamos a tener que hablar de algo.
septiembre 26, 2007
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