No hago nada mal. Pero todo sale al revés. ¿Complicada? sin dudas. Pero, ¿tan poca paciencia merezco? Tal vez él no sepa cómo hacerlo. Pero me desplanta cada vez y yo me quedo ahí, parada sola, en esas mismas palabras mojadas que pretendieron saltar de mi boca a la suya y tropezaron torpemente.
Porque dentro del castellano hay, aparentemente, muchas lenguas.
¿Y qué le doy yo? Todo lo que soy pretendo darle. Debería preguntarle alguna vez, que le gustaría a él.
Y más miradas complices y serenas y definitivamente, menos palabras, que siempre, terminan enredadas.
septiembre 19, 2007
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