septiembre 18, 2007

El hombre común

Cuando cruzó la calle
cuando apretó el gatillo
cuando lo que quedaba de su cerebro
fue a dar contra la vitrina de Bloomingdale´s
y todos sus huesos supieron que esta vez estaba muerto,
le agarró una nostalgia profunda por todas esas cosas
que en vida no había podido explicar:
por todas las veces que se sentó frente a una computadora para hacer tiempo;
por todas las focas, los zorros, las ballenas que había matado para abrigarse.

Cuando salió del banco
cuando iba a cruzar la calle,
cuando lo que quedaba de su cuerpo después de la rutina se lamentaba de todo el papel que había consumido en su vida
una furia inexplicable nació en él contra las cadenas de supermercados y las empresas multinacionales y se trató de calmar escupiendo en el suelo.

Cuando se anudó la corbata
cuando salió de su casa a las siete de la mañana
cuando tiritó de frío y estornudó
sintió una depresión intensa por todos los cuentos que había escrito
y que no habían logrado hacer ninguna diferencia.

Cuando todos leyeron la noticia en el diario de la mañana siguiente
un escalofrío les recorrió por la espalda.

Cualquiera podía ser el próximo.

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