
Otoñito tardío:
dejame confesarte lo verdaderamente ausente
de tu presencia;
dejame confesarte lo verdaderamente ausente
de tu presencia;
de mi deseo de espolvorearte el alma,
de circunscribirte el sueño,
de recuperarte el olvido.
¡tan poco de la compasión,
de lo sutil inteligente del abrazo!
de lo sutil inteligente del abrazo!
Perdida en los almohadones cálidos por la noche
y el beso por despertar
y el beso por despertar
al despertar;
que te perdono
que no te perdono
pequeña idiota
plantita de remolacha
corazoncito de lechuga
recién
recién lavada.

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