Tanto tiempo, pienso yo, tanto y tan voraz,
clavando sus garras en la carne herida,
trizando voluntad e inocencia.
Y en el límite de cada minuto vuelto día
despiertan los colores
y las agujas una vez confundidas,
destejen despabiladas lo que fue,
(siempre llano y casi muerto).
La ranita nada, decidida,
en el rinconcito que siempre quizo ser.
marzo 06, 2007
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