(...y ahora somos como dos extraños que se van, sin más,
como dos extraños más que van quedandose detrás.
¿Lo ves? ¿Lo ves?
No ves.)
Te vi llorar, después de encontrártela de improvisto, por cosa del destino (¿?). "No la reconozco", me dijiste, pero tenías la mirada fija en el cordón de tu zapatilla izquierda.
Y, se que ese abrazo no te sirvió de nada, qué inútil yo en ese momento.
marzo 16, 2007
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