
Cae la noche y en su nombre
sacrificios de ranas y escobas,
desde el cerro jauría de grillos
absorben del junco
un nombre,
y en la brisa
orificios de dientes sobrevuelan los techos.
Con su colador de ojos, la noche
baña el ladrillo amable
de escondida excusa de cuadro.
Los senos azules
encausan la marea del infinito y
sus constelaciones nauseabundas de remolinos.
Algunas luces desnudas de dormitorio
se asoman a la inundación
para mirarse,
para ser mirados
como nunca antes han visto.

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